En el reciente fallo “M., V. I. c/Odontopraxis Americana S.R.L. y otros s/daños y perjuicios -Resp. Prof. Médicos y Auxiliares-“, proveniente de la Sala H de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la Capital Federal, se aborda una compleja controversia vinculada a una presunta mala praxis odontológica. La actora, que buscaba inicialmente mejorar sus coronas dentales en 2008, terminó enfrentando serios problemas de salud, incluida la extracción de dos piezas dentales y una infección que derivó en sinusitis. Ella atribuye este perjuicio a decisiones erróneas del Dr. P., alegando daño físico y emocional. A pesar de la refutación de Odontopraxis sobre su legitimación pasiva, y de su adhesión a los argumentos de SMG que destacan condiciones preexistentes de la actora, como bruxismo y un tratamiento de cáncer de mama, el núcleo de la controversia recae en la decisión del odontólogo de tallar dientes sanos para la colocación de coronas, una práctica considerada desactualizada para el momento del tratamiento.
El análisis pericial fue un elemento determinante en la adjudicación de responsabilidades. El perito subrayó la inapropiada decisión de tallar piezas dentales sin un previo tratamiento de conducto, lo que contravenía las prácticas odontológicas contemporáneas ya consolidadas para el año 2008. Este detalle se volvió crucial ya que la odontología moderna, en lugar de sacrificar dientes sanos, opta por la colocación de implantes en sitios de piezas faltantes. El tribunal de primera instancia, sosteniendo estas conclusiones periciales, reconoció que el profesional demandado había comprometido la salud dental de la paciente al recurrir a técnicas inapropiadas o al omitir tratamientos necesarios.
Desde el ámbito indemnizatorio, se generaron debates sobre los montos otorgados, en especial porque se argumentó que estos superaban los montos solicitados en la demanda original. Sin embargo, estos montos se ajustaron considerando factores económicos como la inflación y la variación del dólar estadounidense. Este caso destaca la imperativa actualización en las prácticas profesionales, enfatizando en el deber de adherirse a los avances y recomendaciones actuales para garantizar la seguridad y el bienestar de los pacientes.
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